Hoy recorriendo un poco algunos canales de televisión, me detuve a observar a algunas mujeres, la mayoría hermosas, con ropas y accesorios de lujo, bien peinadas y con esbeltos cuerpos. Y allí es donde comencé a pensar cuando escuché a algunas de ellas pronunciar ciertas palabras, tan rebuscadas, tan retorcidas, vacías y supérfluas. Inmediatamente pensé, ¡cuanta belleza desperdiciada!
Sus temas de conversación se centraban en lo exterior, sus poses al hablar me mareaban, sus sonrisas hipócritas realmente me incomodaban y me dije para mi interior: ¿Así también seré yo?
Parecían muñequitas en una vitrina, puestas solamente para adornar el ambiente, perdidas en un mundo que solo tiene en cuenta lo de afuera pero lo esencial no es percibido.
En estos tiempos pareciera que la mujer debe tener un cuerpo esculpido para pertenecer o ingresar en el círculo de la belleza, una belleza que por supuesto no tiene en cuenta en lo más mínimo aquello natural.
Cada mujer es única y bella en sí misma. No importa su color de piel, cabello, sus medidas, la ropa que usa y ni mucho menos la edad que tenga, es hermosa igual. Pero los medios de comunicación, y la sociedad también, nos quieren hacer creer que sin una figura perfecta, la mujer no puede ser hermosa y ni mucho menos feliz.
Y allí luego lamentamos ver tantas jóvenes enfermas por lucir una delgadez extrema que termina en algunos casos con su propia vida. Esto también conlleva a que descuidan el órgano más sensual (es una opinión personal) y seductor, el cerebro. Podemos no tener una figura como muchas de estas jóvenes que se ven por el cine y la televisión o en las pasarelas, pero nuestra personalidad puede cautivar a cualquiera siempre que prioricemos por el cuidado de nuestro interior y no lo externo.
No están importante que zapatos combinar con la cartera, o que ropas lucir, si no generar una conversación que deslumbre y nos haga ser naturalmente bellas.
Por todas estas razones hoy te invito a que te mires con agrado frente al espejo y descubras que siendo tal cual sos, no precisas nada más para verte mejor. Tu brillo propio es el mejor adorno que podes lucir.

